martes, 23 de agosto de 2016

Documentales: Chile...mundos sumergidos

Dejo aquí los 5 episodios de Chile, mundos sumergidos, que nos adentra en un viaje a las costas de Chile, conociendo su flora y fauna desde el viaje de las aguas por la Cordillera de los Andes en dirección al mar, hasta las profundidades del lecho oceánico con sus criaturas extrañas. Esta serie nos brinda una mirada holista de nuestros mares al considerar no solo su flora y fauna, si no también su relación con las comunidades humanas y los nuevos estudios que nos ayudan a comprender mejor estos fascinantes ecosistemas.





sábado, 16 de julio de 2016

Documental: Protege Los Molles

La verdad estaba al tanto que Los Molles enfrenta un problema medioambiental, pero no sabía la gravedad del asunto. Por favor vean este documental, explican el problema de forma clara, así como la relevancia de este lugar tanto por su flora y fauna como por su valor geológico y arqueológico ¡Es patrimonio de todos los chilenos!


miércoles, 13 de julio de 2016

Un vistazo a las relaciones de mutualismo en Chile

Foto de Pablo Moreno Vallejos

Lo que se ve en esta foto es una cuncuna de cuyo cuerpo emergen las larvas de una avispa parásita que se han estado alimentando del interior de su hospedera. Su madre inyectó dentro del cuerpo de la cuncuna sus huevos, y estos al eclosionar se alimentaron de los tejidos vivos de la desafortunada oruga. Una vez emergidas, las larvas tejen capullos de seda (como se ve en la foto), y es ahí donde terminan su metamorfosis para salir convertidas en avispas adultas.
No solo los parásitos y depredadores buscan a las cuncunas, también tienen aliados: las hormigas. Algunas especies de cuncunas segregan una sustancia azucarada llamada ligamasa que es el exceso de azúcar de su dieta. A las hormigas, como es de conocimiento popular, les fascina lo dulce y protegen a las cuncunas mientras que cobran su servicio de seguridad alimentándose de la ligamasa. Las hormigas no solo buscan a las cuncunas: hacen lo mismo con otros insectos como la cochinilla blanca o los pulgones, que también secretan ligamasa. La relación es estrecha y se sabe de especies  de hormigas que incluso transportan a los pulgones  de una planta a otra y les dan refugio en sus hormigueros cuando el clima es desfavorable, además de protegerlos de sus predadores, como un pastor hace con sus rebaños. En Chile, aunque no está confirmado científicamente, se pueden ver hormigas del Género Dorymyrmex cuidando pulgones y alimentándose de su ligamasa, aunque no se sabe qué tan estrecha es su relación: puede que solo lo hagan de manera ocasional e incluso coman algunos pulgones o puede que estos dependan totalmente de las hormigas.
En el mundo natural son bien conocidas las relaciones entre especies en las cuales una de ellas se ve perjudicada por la otra. El caso de la foto es uno de ellos: el parasitismo, pero existen casos en los cuales diferentes animales, plantas o cualquier otro organismo cooperan entre sí en relaciones mutuamente beneficiosas. Esto se conoce como mutualismo, y en Chile no son pocos los casos en los que se dan estas notables interacciones, y mientras que algunas especies cooperan ocasionalmente, otras dependen por completo de estas relaciones para sobrevivir.

Dorymyrmex sp. en la cima del cerro Minillas, Santiago (video de Juan Pablo Salgado).

Quizá les llame la atención saber que todos los bosques dependen de interacciones mutualistas, y esto se debe a la especial relación entre las plantas y los hongos. Aunque  siempre se nos dice que los hongos son perjudiciales tanto para la vida animal como la vegetal, lo cierto es que desde hace millones de años que las plantas han forjado relaciones mutualistas con diversas especies de hongos en sus raíces. Las plantas generan raíces que penetran la tierra en busca de nutrientes y humedad, pero su grosor les impide llegar a todos los espacios del suelo. Ahí es donde entran los hongos, cuyos cuerpos están compuestos de filamentos más delgados que las raíces a las cuales se asocian. Los hongos absorben agua y nutrientes y los traspasan a las raíces de la planta, lo que aumenta de manera considerable la superficie del suelo aprovechable para las plantas. Los hongos se ven beneficiados de esta relación al entregarle la planta azúcares elaborados por la fotosíntesis en sus hojas. Esta interacción de denomina micorriza y puede ser tan importante para las plantas que en algunas especies los tejidos del hongo penetran en las células mismas de las raíces.
Los ecosistemas boscosos de Chile dependen de estas micorrizas para que los árboles alcancen la majestuosidad que poseen. Las famosas morchellas (Morchella conica y M. esculenta) son dos hongos nativos muy cotizados en el mercado internacional. Estas especies forman micorrizas en los bosques de árboles del Género Nothofagus como el roble (N. oblicua) los cuales son quemados por recolectores sin escrúpulos pues luego de un incendio las morchellas fructifican de forma abundante. Luego de estos incendios el bosque queda destruido y las morchellas mueren. Estas prácticas no solo destruyen los bosques únicos que crecen en nuestro país, si no que constituyen una pésima forma de garantizar la permanencia en el tiempo de estos hongos que brindan trabajo a los recolectores. Pan para hoy, hambre para mañana.

El Nitrógeno es un elemento fundamental para la vida en la Tierra ya que es necesario para la formación de proteínas y ácidos nucléicos. Es tan importante que la vida se ve limitada por la cantidad de nitrógeno en el ambiente, al punto de que plantas como las violetillas del pantano Drosera uniflora y Pinguicula chilensis consumen insectos ya que las vegas del sur de Chile donde crecen son sustratos pobres en este elemento dónde echar raíces.

Drosera uniflora y Penguicola chilensis, ambas plantas carnívoras del sur de Chile que han adoptado esta estrategia para poder obtener nitrógeno de los insectos que consumen (fotos de Andrea Ugarte y Diego Alarcón respectivamente).

Otras plantas como el espino adoptan estrategias menos drásticas. Este árbol puede crecer en sitios áridos y en suelos pobres y degradados. Una de las razones por la cuál es capaz de hacerlo se debe a que en sus raíces se ha asociado con bacterias que viven en unos nódulos que el árbol genera con este propósito. Dichas bacterias fijan el nitrógeno atmosférico lo que le permite al espino ocuparlo y de paso incorporarlo al ecosistema en el cuál habita, lo que paulatinamente lo va enriqueciendo, pues el espino se considera una etapa inicial en las fases de sucesión ecológica del bosque esclerófilo. Esto quiere decir que son los primeros árboles en establecerse, luego de lo cuál llegan más especies y el ecosistema se vuelve más complejo. Esta relación mutualista la tiene tanto el espino, como el resto de las plantas de la familia de las Fabáceas, presentes en casi todo el mundo.

Sabana de espinos. Si se eliminase el ganado, o se pastoreara con criterios de sustentabilidad, paulatinamente los espinos irían trabajando la tierra y llegarían más especies de árboles. Se formaría, con el paso de los años, un bosque esclerófilo bien desarrollado (foto de Juan Pablo Salgado).

La polinización es otra de las relaciones mutualistas que poseen las plantas, esta vez con los animales. Existen diferentes métodos por los que la polinización, que es el traspaso de polen de una flor a otra, se lleva a cabo. Algunas involucran animales, que pueden ser de los más diversos: reptiles, mamíferos, insectos, aves, etc participan de este proceso, beneficiándose en muchos casos con la obtención de néctar o polen para alimentarse. Insectos, como las hormigas, son generalistas y no dependen exclusivamente del néctar, aunque si gustan de él y en su recorrido de flor en flor pueden impregnarse de polen y transportarlo de una flor a otra.
Las abejas, que están emparentadas con las hormigas pues ambas descienden de avispas ancestrales, han dado un paso más allá y muchas especies son polinizadoras buscando néctar o recolectando polen tanto para ellas como para sus crías. Algunas especies juntan el polen en zonas de su cuerpo especialmente peludas, aunque muchas prefieren hacerlo en unas estructuras en sus patas diseñadas para este propósito. El néctar, en cambio, lo sorben y lo transportan dentro de sus cuerpos, cosa que hace, por ejemplo, el abejorro chileno o moscardón que vive en colonias dominadas por una reina y construye panales compuestos de celdas donde se crían las larvas o se almacena el néctar y es transformado en miel.
Las mariposas, esfinges y polillas están también muy especializadas en la polinización al punto de que su aparato bucal, llamado probóscide, es una verdadera trompa con la cuál sorben el néctar de las flores, aunque la ocupan también para beber agua rica en minerales, jugo de frutas descompuestas y otros líquidos.

Mosca florícola: aunque es de conocimiento popular que mariposas y abejas polinicen, muchas especies de moscas desempeñan esta función. Existe en facebook un grupo llamado "Moscas Florícolas de Chile" el cuál invita a sus miembros a subir fotos de estas especies agregando comentarios respecto al lugar, especie de flor visitada por la mosca, tiempo atmosférico, etc con el fin de aumentar el conocimiento de estas especies, invitando a todos a hacer ciencia ciudadana. Por favor únanse y contribuyan al conocimiento de nuestra naturaleza chilena (foto de Claudio Arancibia Rojas).

Las aves también se han asociado con las plantas: los picaflores, las tencas (Mimus thenca) y los tordos (Curaeus curaeus) gozan con el néctar de muchas flores como la puya o chagual (Puya sp.), el chañar (Geoffroea decorticans) o incluso la planta exótica Aloe arborescens en ciudades como Santiago. Aunque quizá su rol sea más importante como dispersores ya que pueden transportar las semillas de los frutos que ingieren por grandes distancias.  Esta es otra relación mutualista: una vez las flores son polinizadas, crecen desarrollando frutos que pueden ser dispersados por un espectro de animales igual de diverso que el que polinizó las flores. Los animales se alimentan de la pulpa azucarada o fibrosa de los frutos y a cambio diseminan las semillas en sus excrementos o regurjitandolas.
Distintos frutos están diseñados para atraer distintos dispersores: frutos carnosos y de pequeño tamaño suelen estar diseñados para aves, en cambio las vainas fibrosas como las del espino o los algarrobos (Prosopis sp.) están pensadas en dispersores de mayor tamaño: mamíferos herbívoros como el guanaco (Lama guanicoe) que antes se encontraba en todo el territorio continental pero que producto de la caza indiscriminada ha visto reducidas sus poblaciones y actualmente solo abunda en pocos puntos como Tierra del Fuego, aunque con la introducción de ganado por parte del ser humano el espino ha encontrado nuevas especies que diseminen sus semillas.

En la Reserva Nacional Lago Peñuelas andan libres manadas de guanacos, llamas y sus crías híbridas. Pastan en el espinal y se comen los frutos del espino, diseminando las semillas en sus excrementos (foto de Juan Pablo Salgado).

El guanaco es un mamífero herbívoro con una amplia dieta que incluye hojas, ramitas, frutos de espino, etc. Todos estos alimentos son de origen vegetal y poseen gran cantidad de celulosa que, curiosamente los guanacos son incapaces de digerir por sí mismos. El resto de nuestros grandes herbívoros nativos: la vicuña (Vicugna vicugna), el huemul (Hippocamelus bisulcus) y la taruca (H. antisensis) también son incapaces de digerir la celulosa entonces ¿Como es que la comen? Pues bien, en sus aparatos digestivos, que cuentan con diferentes cámaras (vulgarmente se dice que tienen varios estómagos), viven microorganismos que sí son capaces de consumir y degradar la celulosa. Estos microorganismos, que pueden ser una combinación de diferentes especies de bacterias, protozoos y hongos, dependen de estos animales para poder tener un ambiente donde prosperar. A cambio, microorganismos dejan la celulosa en un estado aprovechable por estos animales.

Incluso las termitas, famosas por comer madera, en realidad poseen en sus tractos digestivos gran cantidad de especies de microorganismos que son efectivamente las que descomponen la celulosa y la dejan en una forma aprovechable por la termita. Algunas especies hacen esto mientras que otras recolectan material vegetal y lo transportan a sus termiteros en donde crían jardines de hongos alimentándolos con su colecta. Las diversas especies de termitas que crían estos hongos crían cada una, una especie particular de hongo que depende totalmente de estos insectos para sobrevivir y es imposible de encontrar fuera de estas colonias.

Termita nativa (foto de Bernardo Segura).

Seguramente muchos habrán visto en documentales de vida silvestre la relación mutuamente beneficiosa que se da entre grandes herbívoros y aves que se posan sobre ellos para alimentarse de garrapatas y otros parásitos. En el norte de Chile el matacaballos (Crotophaga sulcirostris) desempeña esta misma función posándose sobre ganado vacuno y equino en busca de parásitos. De hecho su nombre "matacaballos" viene de dicha costumbre pues se pensaba que al picotear sobre estos animales les causaba un perjuicio, cuándo en realidad es todo lo contrario.
El tiuque (Milvago chimango) ha sido observado muy raramente sobre mamíferos herbívoros, al parecer, realizando esta misma labor, así como el mirlo (Molothrus bonariensis).

De manera análoga a los matacaballos y el ganado, las tortugas verdes (Chelonia mydas) y peces de gran tamaño viajan kilómetros a través del vasto océano deteniéndose ocasionalmente en puntos estratégicos como formaciones coralíferas donde viven peces o camarones  que se posan sobre ellas limpiando su piel de parásitos o tejidos muertos, como el camarón de la especie Stenopus hispidus que vive en Rapa Nui. Este camarón vive en parejas en cuevas alimentándose de detritus y restos animales, pero cuándo llegan animales de mayor tamaño a solicitar sus servicios de limpieza, este camarón se da unf estín con su piel muerta y parásitos de entre las escamas y lugares tan inverosímiles como la boca misma de grandes predadores que, sin embargo, no se los comen, pues parecen tener claro que requieren de sus servicios para gozar de buena salud dental.

Stenopus hispidus limpiándo una morena de parásitos y piel muerta. La morena incluso abre la boca, quizá para que el camarón le limpie la comida de entre sus dientes (foto sacada del siguiente link: http://www.starfish.ch/invertebrates-Wirbellose/crustaceans-Gliederfuesser/Stenopus-hispidus.html).

Estas mismas formaciones coralíferas que albergan estos animales limpiadores son también completamente dependientes del mutualismo entre un animal y un alga.
Las aguas cristalinas de Rapa Nui y la isla Salas Gómez así lo muestran. Pobres en plancton, albergan una gran biodiversidad, contando con una gran cantidad de especies endémicas. Esto puede resultar contradictorio pues el plancton es la base de la cadena alimenticia en los ecosistemas marinos. Pues bien, los corales tienen la respuesta. Las masas de coral se componen de pólipos, que son similares a los potos de mar o anémonas. Cada uno de estos pólipos se recubre de un esqueleto de Carbonato de Calcio por lo que se encuentran fijos al sustrato. Su comida la obtienen tanto de día como de noche. Durante la noche los pólipos se asoman y capturan el escaso plancton de sus aguas mientras que de día las algas unicelulares que viven en sus tejidos realizan fotosíntesis, la cuál solo es posible gracias a la alta luminosidad que da, precisamente, la escasez de plancton. Las aguas de Rapa Nui son aptas para el buceo precisamente por su alta visibilidad que alcanza más de 70 metros por debajo de la superficie. Así pueden desarrollarse en estas islas un ecosistema único, reconocido como una subprovincia biogeográfica por su riqueza de especies.

El Parque Marino Mou Motiro Hiva que rodea la isla Salas y Gómez posee formaciones de coral que albergan gran cantidad de especies, en un ecosistema marino bastante sano, como pocos en el mundo (fotos sacadas de www.wikipedia.org).

No cabe duda de que la depredación es el fenómeno natural que más conocemos o nos llama más la atención, pero la cooperación que se da en el mutualismo es sin duda tanto o mas importante, no solo porque los ecosistemas más diversos dependen de ella, si no porque echa por tierra la idea de la "ley del mas fuerte" y nos habla que el trabajo en equipo se da en la naturaleza, y de ello es mucho lo que podemos aprender.

martes, 28 de junio de 2016

Los Onicóforos

Foto de Bernardo Segura.

El mundo natural esconde aún millares de joyas esperando ser descubiertas. Cada año se descubren nuevas especies, a la vez que las investigaciones revelan secretos escondidos aún en aquellos animales y plantas que hemos estudiado por décadas. Dentro de las singulares formas de vida de las que apenas tenemos noticia están los onicóforos, invertebrados de cuerpo alargado y que parecen no encajar bien en el árbol de la vida, no por su simpleza o vulnerabilidad, si no todo lo contrario, estos fósiles vivientes han visto llegar y partir otros grupos de seres vivos y a medida que se estudian la complejidad de sus cuerpos y comportamiento surgen más preguntas que respuestas.

Aunque su origen es incierto, se han encontrado fósiles de animales parecidos a los onicóforos que datan de más de 500 millones de años, en el período Cámbrico. Estos fósiles corresponden a impresiones dejadas por estos antiguos animales en la roca. Al ser de cuerpo blanco, el proceso de fosilización es menos probable de ocurrir que con los huesos o exoesqueletos de otros animales. 

Por sus cuerpos segmentados parecen emparentados con las lombrices, por sus antenas podrían ser confundidos con babosas y por sus patas y locomoción, además de sus mandíbulas se podría pensar que son un ancestro de los ciempiés, pero a eso han de sumarle el hecho de que su piel es hidrofóbica (repele el agua), carecen de exoesqueleto, poseen garras retráctiles y disparan un pegamento a distancia para atrapar a su presa y defenderse. La clasificación de estos animales ha sido tan complicada que actualmente se los define en su propio taxón, el Filo Onychophora.

Se aprecian las garras retráctiles que le permiten a los onicóforos afirmarse al sustrato. Estas estructuras le dan su nombre: onicóforo significa "el que porta garras". La cantidad de patas varía según la especie y el sexo al tener las hembras más pares de patas que los machos (video de Bernardo Segura).

Estos animales se desplazan lentamente, palpando el entorno con sus antenas. Son depredadores, aunque muy lentos en su desplazamiento por lo que en cuánto tocan una posible presa reaccionan de inmediato arrojando un chorro de pegamento que se seca rápidamente. La presa, ahora atrapada, queda a merced del onicóforo quien lo muerde inyectándole un veneno para luego devorarlo.

Video del Canal de youtube Smithsonian Channel.

Estos animales habitan en el suelo de los bosques, en sitios húmedos como debajo de troncos, entre la hojarasca o en galerías hechas por otros animalillos. Puede que necesiten estos hábitats húmedos ya que su respiración es a través de unas aberturas a lo largo de su cuerpo llamadas opérculos que no pueden cerrarse, por lo que perderían humedad de su cuerpo. Para compensar la humedad de su ambiente la superficie de su cuerpo es hidrofóbica.
Además, su piel está cubierta de rugosidades. En al menos una especie chilena, Metaperipatus inae, se sabe que el macho deposita un espermatóforo sobre la superficie de la piel de la hembra, que es una estructura con el esperma del macho, y esta lo absorbe para poder ser fecundada. Dependiendo de la especie la hembra puede colocar huevos, o estos eclosionar en su interior y nacer las crías o derechamente ser vivíparas, nutriendo a las crías en su interior por medio de un estructura parecida a una placenta.

Foto de Bernardo Segura

Metaperipatus inae (foto de Bernardo Segura).

Los onicóforos se clasifican en dos familias: Peripatidae y Peripatopsidae, teniendo ambas distribuciones bien delimitadas: mientras que los peripátidos se encuentran en zonas tropicales, los peripatópsidos suelen hallarse en zonas más templadas. Son los miembros de la segunda familia los presentes en Chile, con 4 especies oficiales, si bien el amplio desconocimiento de estos animales sugiere que haya más especies y localidades dónde encontrarlos. Se supone que en Argentina no existen descritas especies de onicóforos al ser un país muy seco, en general. Aunque zonas colindantes con Chile con presencia de bosques similares a los del sur del país podrían en teoría albergar estos animales en palabras del Ingeniero Agrónomo Bernardo Segura Silva, quién ha empezado a estudiar estos animales.

Las especies chilenas son Metaperipatus blanvillei, M. inae, Parosithopatus umbrinus y P. costesi. Es P. umbrinus quizá la especie que amerita mayor estudio pues se encuentra en Zapallar. Es la especie más septentrional en Chile y habita en un lugar muy proclive a la desertificación producto de la deforestación, el fuego y, en general, al mal uso que ha hecho el ser humano en esas tierras.

Estas joyas de la naturaleza, que han sobrevivido millones de años, podrían verse amenazadas por el mal uso que ha hecho el ser humano en Chile de las masas forestales: sustitución del bosque nativo por la agricultura, inmobiliarias y plantaciones comerciales, incendios, extracción irracional de leña y tierra de hojas, etc. Se tiene el valioso antecedente de que en Brasil se ha creado una reserva destinada a la protección de la especie Peripatus acacioi, que ha hecho las veces de paraguas para todo el ecosistema en el que habita: la Estación Ecológica Tripuí.
Si bien mucha gente no los conoce no hay duda que estos singulares bichitos resaltan por sus rarezas. Conocerlos y defenderlos a ellos y a su hábitat nos permitirá seguir maravillándonos con las rarezas de la naturaleza.

Foto de Bernardo Segura.

Quiero dar un agradecimiento especial a mi amigo Bernardo Segura, quién no solo me presta generosamente sus fotos para este blog, si no que se tomó la molestia de subir el video a su canal de youtube de las patas del onicóforo para poder colgarlo aquí, y por supuesto por su charla sobre estos singulares animales realizada en el Instituto Confucio, lo cuál motivó que escribiera esta entrada.

lunes, 6 de junio de 2016

Los detritívoros

Foto de Bernardo Segura.

Los detritívoros o saprófagos son especies que se alimentan de restos orgánicos en descomposición, por lo que son vitales para la salud de los ecosistemas. Los restos orgánicos tales como madera, hojas caídas, cadáveres o excrementos se depositan en los ecosistemas y generan un hábitat propicio para hongos y bacterias, que corresponden a los detritívoros más abundantes. En un bosque las hojas caen y se acumulan formando un manto de hojarasca sobre el suelo. Las hojas al secarse no son muy palatables para muchos herbívoros por lo que se acumularían hasta ahogar los bosques, sin embargo una gran cantidad de hongos se nutren de esta fuente, formando redes de micelios en la tierra y en las capas menos superficiales de la hojarasca. En ocasiones son posibles de ver si se retira el mantillo superficial en un bosque. A pesar de que estos organismos forman bastas y complejas redes que pueden abarcar enormes superficies, de los hongos suele verse solo sus estructuras reproductoras asomándose por el suelo del bosque.

De esta hojarasca se nutren también diversos animales de pequeño tamaño, invertebrados de toda clase: milpiés, ácaros, pseudoescorpiones y escarabajos escarban entre la hojarasca en busca de materia en descomposición para comer hongos u hojas muertas, reingresando a la red trófica toda esa materia orgánica. Estos animales a su vez se convierten en la presa de arañas, ciempiés, escorpiones, etc.

Ácaro en un tronco muerto de roble (Nothofagus macrocarpa), en Altos de Cantillana. Los tejidos blancos bajo el ácaro corresponden a micelios (foto de Bernardo Segura).

Más complejo es el caso de la madera. Los árboles poseen una sustancia llamada lignina en sus troncos y ramas, y esta sustancia solo puede ser digerida por algunos hongos y bacterias. En este proceso queda en evidencia la importancia de los detritívoros en los ecosistemas: al descomponer los hongos la madera y generar sus propios tejidos, dejando disponible dicha materia para los organismos que se alimentan de dichos hongos.
La lignina es una sustancia tan compleja de degradar que se cree durante millones de años, en el período Carbonífero, no existían organismos capaces de consumirla. En ese período se desarrollaron enormes extensiones boscosas que atrapaban CO2 atmosférico cuya materia quedó contenida en los cuerpos de estos antiguos vegetales. Al árboles los morir se depositaron sin que sus estructuras lignificadas se descompusieran. La acumulación durante tanto tiempo se cree que es la responsable de la existencia de fuentes de combustibles basados en carbono como el petróleo o el carbón fósil. No solo eso, el balance positivo en la emisión de oxígeno a la atmósfera hizo que ésta tuviese casi el doble que en la actualidad, muy propicio para el crecimiento de invertebrados que en la actualidad se ven imposibilitados a alcanzar grandes tamaños, entre otras cosas, por que sus sistemas respiratorios están limitados por la cantidad de oxígeno en el aire. Los artrópodos respiran a través de una serie de aberturas en su cuerpo por donde entra el aire y es absorbido por la red de tubos que se extienden tras ellas. Si el artrópodo es muy grande el oxígeno es absorbido antes de llegar a todo el cuerpo del animal. En una atmósfera hiperoxigenada es posible el crecimiento de estos animales, alcanzando tamaños imposibles en la actualidad.
Los mayores invertebrados que se arrastrasen por tierra o volaran por los aires vivieron en el Carbonífero, todo gracias a que no existían detritívoros que consumieran los cuerpos muertos de los árboles en las junglas primitivas. Bueno, al menos así reza la teoría.

Arthropleura enfrentándose a un anfibio del Carbonífero, de la serie documental Paseando con Monstruos, de la BBC (foto sacada del siguiente link: http://walkingwithdinos.wikia.com/wiki/Arthropleura)

Der: mosquitas alimentándose de un hongo; Izq: colémbolos haciendo lo propio en otro hongo. Así reingresan a la cadena trófica los detritos (fotos de Bernardo Segura).

En la actualidad bacterias y hongos poseen la capacidad de consumir y degradar la lignina. Transformando troncos paulatinamente en otros compuestos orgánicos e inorgánicos, los convierten en terreno fértil para el establecimiento de nuevas plantas. Los troncos caídos se convierten también en el hogar de insectos xilófagos, detritívoros especializados en comer madera. Diversos escarabajos pasan sus etapas larvales alimentándose de troncos muertos. Tal es el caso de la madre de la culebra (Acanthinodera cummingi), cuya larva crece en estos ambientes llegando a unos impresionantes 13 cm de largo. Para alcanzar este tamaño llegan a vivir 4 o 5 años en el tronco antes de hacer la metamorfósis para convertirse en adultos.

Foto de Bernardo Segura.

Otros compuestos de "desecho" de la naturaleza son los excrementos, y aquí entran en juego animales que seguramente muchos de ustedes conocerán por documentales, pero que pocos saben que están presentes también en Chile: los escarabajos del estiércol. Existen mucha especies presentes en nuestro país, destacando Megathopa vilosa por su tamaño y su costumbre de hacer bolas con el excremento de herbívoros para obtener una fuente de alimento para sus crías. No todas las especies hacen esto, en efecto, los escarabajos estercoleros se clasifican en paracrópidos si es que hacen túneles bajo la bosta, telecópridos si hacen una bola y se alejan con ella para tener sus crías, y finalmente están los endocópridos que hacen sus galerías en la misma bosta.
Cuentan con un desarrollado sentido del olfato para encontrar su alimento, además su cabeza en forma de pala les ayuda a excavar en la boñiga y separar una porción para enterrarla, llevársela o para cavar en ella.
Estos insectos son sumamente importantes para el ciclado de los nutrientes en los excrementos ya que diversos animales se alimentan de ellos y al enterrar los excrementos siembran las semillas que vienen en ellos. Incluso en agronomía son sumamente importantes pues el ganado no se alimenta de la pastura alrededor de sus excrementos, por lo que su disminución aumenta la superficie aprovechable por el ganado, sin mencionar que parásitos como la mosca de los cuernos se alimentan durante el estado larvario en los excrementos del ganado y, cuándo este es enterrado por los escarabajos del estiércol, la mayoría de las larvas o huevos mueren. El INIA incluso ha investigado la importancia y potencial que la especie nativa Frickius variolosus tiene para usarse por lo anteriormente dicho en el área agronómica. 

Poca gente sabe que Chile cuenta con varias especies de escarabajos del estiércol. Algunos de los más llamativos por su tamaño son el escarabajo pelotero Megathopa vilosa y el Homocopris torolosus, llamado comúnmente por algunos entomólogos profesionales y aficionados como caquero (fotos de Kawell Fillkun y Andrés Ramírez Cuadros respectivamente).

Por último es menester hablar acerca de uno de los detritívoros más importantes tanto en jardinería, agronomía y por el hecho de que es sumamente conocido: las lombrices de tierra. Pertenecientes al grupo de los anélidos, son animales que pasan la mayor parte de su vida bajo tierra excavando túneles por los que se desaplaza a la vez que se alimenta de desechos orgánicos de toda clase. Su importancia radica en que  sus excrementos, conocidos popularmente como humus, son un excelente fertilizante para las plantas lo que, sumado a que sus túneles oxigenan el suelo, lo vuelven un gran aliado de los seres humanos. En el conocimiento popular, la presencia de lombrices de tierra en un jardín es signo de tierra fecunda e incluso la lombriz californiana (Eisenia fetida) es criada con este propósito en la llamada lombricultura.
Como pasa con los escarabajos estercoleros, Chile cuenta con diversas especies, adaptadas a la multiplicidad de ecosistemas de nuestro país, sin embargo resulta difícil para el común de la gente su identificación al ser todas de forma muy parecida, lo que no quita su importancia.

Resalta la importancia de los detritívoros en el ciclado y aprovechamiento de los nutrientes que, de otra forma, se acumularían en los ecosistemas. No solo son importantes en los ambientes naturales, son de vital importancia para el ser humanos tanto en ambientes urbanos como en la agricultura. Darles la importancia a estos seres no solo es un beneficio para la naturaleza, si no para nosotros mismos.

En los bosques del mediterráneo los ácaros juegan un papel importante en el consumo de la hojarasca que es rica en compuestos secundarios, lo que la vuelve difícil de consumir para hongos y bacterias. En el bosque esclerófilo de la zona central de Chile, que es análogo a los del Mediterráneo, puede que ácaros como el de la foto jueguen el mismo papel (foto de Bernardo Segura).

sábado, 7 de mayo de 2016

Los ciclos del agua dulce: agua en el cielo

Chulengo (cría de Lama guanicoe) disfrutando la bonanzas del desierto florido (foto de Luis Vega).

En la primera parte de Los ciclos del agua dulce se habló de los cursos superficiales de este vital líquido, en esta segunda parte les hablaré de la fase menos obvia de este ciclo, aquella que tiene lugar en la atmósfera. Esta fase se inicia con la evaporación de las aguas del mar. Las altas presiones atmosféricas frenan este proceso y, por el contrario, las bajas presiones la facilitan. En Chile a medida que nos acercamos al Polo Sur la presión atmosférica disminuye, de modo que se facilita este fenómeno, lo que explica en parte que el sur sea más lluvioso.
 El ascenso de estas masas de vapor de agua cerca de la costa influye de manera significativa en la vida que allí se desarrolla. La neblina costera, conocida en la zona central como vaguada costera y en el norte como camanchaca, es un aporte de humedad que durante las mañanas permite regar la vegetación en su zona de influencia.

En el Norte Chico este fenómeno adquiere suma importancia y permite formar los "oasis de niebla", en los que crece vegetación con requerimientos hídricos mas altos que lo usual en esta zona. Así es posible encontrar bosques en el Parque Nacional Fray Jorge. En las cimas de los cerros en este lugar es posible encontrar retazos de bosque con las mismas especies de la selva valdiviana que caracterizan la zona sur del país. Canelos (Drimys winteri), medallitas (Sarmienta scandens) e incluso copihues (Lapageria rosea) son posibles de encontrar en estos bosques rodeados de desierto. La explicación de la existencia de este oasis es asombrosa: durante la última glaciación la vegetación sureña se desplazó hacia el norte, al encontrarse aquí un clima mucho más húmedo que el actual. Con el fin de esa era y la consecuente desertización del territorio los bosques de este tipo retrocedieron hacia el sur, quedando solo en lugares como Fray Jorge, donde la camanchaca aporta la humedad suficiente y genera un microclima que permite su existencia.
Entre los árboles más importantes se encuentra el olivillo (Aextoxicon punctatum), el cuál con sus hojas revolutas y su intrincado ramaje capta gran parte de la neblina y la condensa en gotas de agua, permitiendo la hidratación del resto del bosque.
La captación de esta agua en forma de vapor no es exclusiva de los bosques de Fray Jorge y a sus afueras crecen arbustos como el vautro (Baccharis macraei) que por medio de los abundantes líquenes que crecen en sus ramas desempeñan la misma función que los árboles y permiten el establecimiento de árboles jóvenes, pudiendo así expandirse el bosque.
La captación de agua es tan importante que el agua infiltrada en la tierra permite el sustento de vegetación arbustiva a gran distancia del bosque de Fray Jorge.

Bosque de Fray Jorge (foto sacada de www.wikipedia.org).

Existen otros "oasis de niebla" como en Fray Jorge, destacando también Alto Patache, ubicado en la Región de Tarapacá, en donde las neblinas costeras permiten la subsistencia de especies herbáceas endémicas.
Otro ejemplo es el cerro Santa Inés, en la IV Región, en donde la camanchaca aporta el agua necesaria para el desarrollo de un importante bosque esclerófilo de más de 50 hectáreas que destaca, entre otras cosas, por ser el hogar de la población más septentrional de lúcumo chileno (Pouteria splendens), que se encuentra en Peligro de Extinción.
Vemos así que la misma vegetación genera para sí las condiciones idóneas para su subsistencia. Y esto no es un fenómeno menor: a medida que la vegetación se desarrolla en un lugar, las condiciones en ese lugar se vuelven favorables no solo para la vegetación presente si no también para nuevas especies.

Bosque relicto del Cerro Santa Inés (foto sacada de www.wikipedia.org)

En Chile no solo ocurre este fenómeno en el continente: en la Isla Mocha y en Juan Fernández ocurre lo mismo.

Isla Mocha se encuentra en la VIII Región. Cuenta con una fauna particular entre las que destacan subespecies endémicas de chucao (Scelorchilus rubecula mochae) y zorzal (Turdus falcklandii mochae), así como el degú de isla Mocha (Octodon pacificus) y el sapo de la Mocha (Eupsophus insularis), exclusivos de esta ínsula. Por sus bordes se desarrollan pastizales y bosquetes, aunque lo más destacable es la cordillera ubicada en su centro, cubierta de bosques de suma importancia pues la isla no tiene la altura suficiente como para almacenar nieve, como en la cordillera andina, que luego la nutra de agua. En vez de eso sus bosques  captan el agua, sobre todo sus abundantes olivillos, de la misma manera que en el Parque Nacional Fray Jorge. Esto hace posible la existencia tanto del bosque como de esteros y lagunas . Esta humedad hace posible también la existencia del sapito de la Mocha.

El archipiélago Juan Fernández, cómo ya se mencionó, desarrolla el mismo fenómeno. Pero en este caso son otras las especies que crecen. Cabe destacar que el archipiélago se caracteriza por su elevado nivel de endemismos botánicos. La geografía de sus islas favorece la captación de las nubes: posee gran cantidad de montañas y acantilados por los que se encausan y con los que chocan las nubes. Dichas formaciones se encuentran en su mayoría cubiertas por bosques exuberantes que captan y condensan el agua atmosférica. Lamentablemente la isla cuenta con cabras ferales, especie introducida y que se ha adaptado a la isla. Este herbívoro voraz ha causado estragos en la vegetación, lo cuál ha resultado en la pérdida de bosques y su consecuente transformación a pastizales, los cuales tienen una capacidad mucho menor para captar el agua. Se entra así en un círculo vicioso donde el bosque se ve perjudicado también por la menor cantidad de agua disponible.

Foto de Patricio Novoa.

Pero las plantas no sólo aportan de esta manera en el ciclo hidrológico. Las lluvias se generan por la condensación de moléculas de agua que forman gotitas en el cielo, y que alcanzan un tamaño determinado, así caen creando la lluvia. La ciencia ha descubierto que esta aglomeración de moléculas de agua ocurre en torno a núcleos de condensación, que corresponden a partículas o moléculas en suspensión. Se ha descubierto también que algunas especies de árboles emiten a la atmósfera moléculas orgánicas que hacen las veces de núcleos de condensación. Cuándo las masas boscosas son muy importantes su influencia en las lluvias es mucho mayor. Notable es el caso también de las selvas tropicales, que evaporan tanta agua durante la actividad metabólica de los árboles, que generan nubes que nutren de agua  a la misma selva. Es necesario realizar estudios en Chile que permitan determinar si es que existen especies nativas que emitan núcleos de condensación a la atmósfera.. El estudio de este fenómeno vendría a darle mayor importancia a nuestros bosques nativos.

Cómo se mencionó al principio, la presión atmosférica disminuye a medida que nos desplazamos hacia el sur. Las presiones en el Norte Chico, sumado a la fría corriente de Humboldt que se desplaza a lo largo de la costa chilena, dificultan las lluvias. En ciclos erráticos se desarrolla el fenómeno del Niño, en el cuál corrientes de aguas cálidas llegan a las costas chilenas y disminuye la presión atmosférica lo que genera un cambio no solo en la vida marina, si no también en la terrestre. Se favorece la formación de nubes de lluvia, trayendo el milagro del agua al desierto de Atacama. Gracias a estas lluvias de lleva a cabo unos de los eventos naturales más espectaculares de nuestro país: el desierto florido. Millones de semillas germinan y bulbos, tubérculos, rizomas brotan en una carrera desesperada por crecer, florecer y dar semilla antes que la humedad del suelo se acabe y se marchiten. Así mismo hay una explosión demográfica en las poblaciones de insectos, como las vaquitas del desierto, insectos emblemáticos del desierto florido. Es una época de bonanza para todos los escalones de la cadena trófica, posible solo gracias  las lluvias que vienen con El Niño. A diferencia de otros desiertos, donde las lluvias hacen que la vegetación crezca unas pocas semanas, en Chile dura más de dos meses, mucho tiempo si se tiene en mente que ocurre en el desierto más árido del mundo. Ese es el poder mágico del agua.

"Desierto Florido", uno de los episodios de Atlas Vivo de Chile ¡Disfrutenlo!

domingo, 17 de abril de 2016

El rol del ser humano

El Huemul (Hippocamelus bisulcus), especie emblema de la conservación en Chile (foto de Bernardo Segura).

Nuestra especie lleva relativamente poco tiempo en este planeta, según muchos autores menos de un millón de años y, sin embargo, no existe especie que haya causado más impacto en los ecosistemas de la Tierra como nosotros. ¿Por qué? ¿Por qué actualmente se vive una crisis medioambiental tan grande? Muchos científicos concuerdan en que hemos entrado en una sexta extinción masiva. Otros incluso proponen considerarnos en una nueva era geológica: el Antropoceno. La determinación de las eras de la tierra se basan en el cambio en los estratos del suelo a medida que se ven los horizontes de este. Los científicos que proponen el concepto de Antropoceno se basan en la cantidad de plástico existente y que ya se está depositando en el suelo de modo que en el futuro los científicos verán estos estratos diferenciados del resto.
Extinción de especies, destrucción de hábitats, desastres naturales, todo producto de la intervención humana. El problema es tan grave y tan generalizado que ha surgido en la gente el pensamiento de que el ser humano no es parte de la naturaleza, o que es intrínseco de la condición humana destruirla o destruirse a sí mismo, pero, ¿es así realmente?

Durante miles de años, y aún en la actualidad, el ser humano se ha sentido parte de la naturaleza, personificada como la Gran Madre, la Madre Tierra o la Madre Naturaleza, de la cuál nuestra especie, así como cualquier otra de ser vivo o incluso los elementos geográficos somos a su vez hijos y cuerpo de esta Madre. Fue y es reverenciada de muchísimas maneras: pinturas rupestres, lugares considerados mágicos, animales y plantas sagrados, sacrificios rituales, etc.

María Sabina, chamán de la etnia mezateca, en México, mencionaba la falta de respeto de los jóvenes afuerinos al consumir los hongos "sagrados" por recreación (foto sacada de www.wikipedia.org)

Chile tiene mucho que contar acerca de la relación humano-entorno. Aquí hubo muchos pueblos y culturas. Las pruebas de ocupación humana más antiguas que se conocen en toda América, desde Alaska hasta Tierra del Fuego, se encuentran en Monte Verde, en la Región de Los Lagos, y datan de hace 14.800 años. Durante ese período nuestra especie se relacionó de muchísimas maneras con la flora y fauna local: hubo cacería de animales ya extintos, veneración por árboles y animales, rogativas a los espíritus de la naturaleza, etc. Puede incluso que la totalidad de los paisajes naturales que vieron los españoles al llegar a Chile hayan sido producto de la interacción entre estos y sus primeros habitantes, considerando el tiempo que lleva nuestra especie en este territorio.

Pinturas rupestres en el Alto Loa. Esta clase de manifestaciones puede encontrarse en todo el territorio chileno, incluyendo Rapa Nui (Foto de Andrea Ugarte).

"Alacalufes cazando huemules" de Eduardo Armstrong.

El pueblo mapuche, por ejemplo, considera al canelo (Drimys winteri) sagrado y es usado, junto con otras especies, en rituales de connotación espiritual. El pehuén o araucaria también es venerado al ser quien otorga de piñones, principal sustento de los pehuenches, nombre que traducido al español significa "gente del pehuén". Este pueblo considera que la naturaleza es sagrada y tiene muchos lugares: ríos, volcanes, montañas, bosques, etc, considerados como sagrados y parte importante no solo de su cosmovisión, si no también de sus prácticas rituales. Esto les ha traído muchos conflictos con el Estado de Chile y empresarios, al no darse instancias de diálogo y soluciones efectivas cuándo estos lugares se ven afectados por proyectos hidroeléctricos o en plantaciones forestales con fines comerciales.

En Tierra del Fuego el pueblo Selknam también consideraban sagrado muchos de los elementos del entorno. Ellos fueron los principales depredadores de la isla donde vivieron. Su pieza de caza más importante era el guanaco y, en ausencia de pumas, eran su único depredador, pues el zorro de Tierra del Fuego solo se come a los chulengos. Hoy en día solo quedan descendientes de este pueblo que no viven a la manera de sus ancestros. Los selknam originales vivían en tribus seminómadas aprovechando los recursos de su isla. Ellos controlaban las poblaciones de guanacos y, en ausencia de ellos, actualmente existe una sobrepoblación de estos animales en la isla, lo que ha dañado la regeneración natural de los bosques de lenga.


En Rapa Nui los nativos sienten un férreo amor por su tierra ancestral e incluso aprendieron a cultivar en esas tierras secas y donde el viento se lleva la humedad, imitando a la naturaleza: al observar que en los cráteres de los volcanes extintos de la isla se conservaba mejor la humedad y crecía mas vegetación, aprendieron a rodear sus cultivos con muros de roca para reproducir el mismo fenómeno a menor escala. Dichos cultivos se denominan Manavai.
Conocían incluso las cuevas en dónde era posible escuchar primero la llegada de los manu tara, aves que migraban a la isla para reproducirse y que estaban ligadas al rito del Tangata Manu, en el cuál los rapa nui competían por obtener el primer huevo de esta golondrina de mar.

Así, la relación entre la gente y su entorno fue de un conocimiento acabado de este, aprovechando dicho conocimiento tanto para su uso como para su protección, otorgándole también un valor espiritual y sagrado.

Mucho se puede hablar de estas sociedades que vivieron y siguen viviendo en armonía con la naturaleza. Armonía relativa, sin embargo, pues son muchos los ejemplos en los que la llegada de nuestra especie a nuevas tierras significó la extinción de animales y la consecuente modificación de los ecosistemas. Solo en África y algunas partes de Asia los ecosistemas parecen estar "completos". Allí no se extinguió la megafauna, que son los grandes animales como elefantes, jirafas o rinocerontes. En África podemos entenderlo por una sencilla razón: allí evolucionó nuestra especie, de allí provenimos todos, y la fauna coevolucionó con nosotros, codo a codo y a medida que nos volvíamos mejores cazadores, los elefantes y otros grandes animales se volvían mejores defendiéndose de nosotros o huyendo.
En el Amazonas se cuentan leyendas de criaturas enormes y de fétido hedor que algunos científicos creen que se trata de perezosos gigantes, ya extintos. Estos fueron animales nativos de Sudamérica y que convivieron miles de años con los primeros pobladores humanos hasta su extinción. Se piensa que, producto de la coexistencia con estas megabestias, surgió la leyenda del Mapinguarí, una bestia de gran tamaño y fétido hedor. Idea interesante que la escritora nacional Isabel Allende desarrolla en su libro "La ciudad de las bestias", en donde los protagonistas se dirigen al Amazonas a dilucidar el misterio de la "bestia", que resultan ser perezosos gigantes.
De manera similar, en las leyendas de los pueblos aborígenes de Australia se describen la "huida" de las grandes presas hacia el sur de la Isla producto de la caza de la que eran objeto. Dichos animales eran la extinta megafauna y recientemente los científicos han indagado en la historia natural australiana y han visto que, efectivamente, las megabestias tuvieron sus últimos reductos en el sur de la isla.

Con la llegada de los maoríes a Nueva Zelanda vino la extinción de los moas, enormes aves de apariencia similar al avestrúz y que no reconocían en los seres humanos un predador. Su extinción trajo consigo la desaparición de la enorme aguila de Haast (Harpagornis moorei), que se vio privada de su principal fuente de alimento, si bien seguramente pudo haber comido también seres humanos. Incluso una de las deidades maoríes, Pouakai, se cree que fue inspirada en la extinta rapaz.

Sin ir más lejos, en Isla de Pascua los registros palinológicos, es decir de polen, encontrados en los humedales de la isla han señalado que en el pasado Rapa Nui contaba con enormes extensiones boscosas con especies hoy desaparecidas. Aunque no se sabe a ciencia cierta qué provocó la transformación de la isla de una abundante selva subtropical a una estepa, se piensa que los primeros habitantes de esta influyeron en ello: pudieron haber talado los árboles para la elaboración de diversas tecnologías, incluyendo aquellas relacionadas con las construcción y transporte de los gigantescos moais, se han encontrado restos de aves extintas con signos de haber sido consumidos por seres humanos: loros, una especie de búho y una garza. Los primeros rapa nui trajeron consigo ratas polinésicas (Rattus exulans) que contribuyeron a diezmar las colonias de aves marinas y a devorar las semillas de los árboles, incluyendo la extinta palma de pascua (Paschalococos disperta).

En distintas eras y lugares del mundo algunas culturas empezaron a distanciarse de estas formas de espiritualidad animistas y, paulatinamente el ser humano empezó a tomar un papel cada vez más importante en el orden universal. Muchos casos, si no es que todos, en los que se vio el auge de grandes civilizaciones antiguas, se colocó al ser humano en un papel así. En América con incas, mayas y aztecas, en Europa con griegos y romanos, en Asia con Mesopotamia, por nombrar algunos ejemplos. En todos ellos el ser humano tuvo una origen distinto al de las demás criaturas y elementos de la naturaleza. Incluso en algunas de estas tradiciones, los dioses se esmeran intentando crear a la raza humana y, en intentos fallidos, crean otros elementos naturales. Tal es el caso del origen de los hombres según la tradición Maya, en la que se explica que los primates son descendientes de uno de los fallidos intentos de los dioses por crear seres humanos que les adorasen.

Así y todo, la naturaleza siguió teniendo suma importancia y algunos dioses o espíritus protectores se ven encarnados en animales o plantas, lo cuál le otorgaba a estas especies tratos especiales como el que no fuesen cazados como alimento o que se los criara o cultivara. Tenemos entonces que el jaguar fue una figura importantísima en las culturas mesoamericanas y recibía consecuentemente un trato respetuoso.
Los romanos respetaron los robles (Quercus robur), árbol sagrado en muchas culturas europeas precristianas. Los romanos consideraban que Júpiter, una de sus deidades más importantes, residía en el roble.

Aún así, y a medida que dichas civilizaciones progresaban tecnológicamente y aumentaban sus afánes expansionistas, la naturaleza prístina experimentaba un retroceso frente a la extracción de recursos por parte de estas culturas: los romanos, en constantes batallas llegaron a dominar el uso del metal, el cuál se lograba fundiendo minerales y para ello requerían madera...muchísima madera. Además este imperio destruyó muchos bosques como método de sometimiento a pueblos rebeldes como los celtas y vascos, cuyos templos eran los bosques mismos, además de su fuente de alimento. Entonces, la destrucción del hábitat de estos pueblos trajo un impacto moral al blasfemar en sus deidades, sin mencionar que se los privó de alimento.
Lo que diré a continuación es una opinión y simplifica la historia, pero considero importante mencionarlo: el Imperio Romano tuvo tanto éxito y se expandió tanto que corrió el riesgo de desmoronarse al no tenerse un control sobre toda su extensión, volviendo relativamente fácil las revueltas y rebeliones. Como forma de cohesionar al imperio, se adoptó el catolicismo como religión oficial y, así, se ayudó a expandir dicha religión, la cuál tiene como característica que el ser humano se encuentra debajo de Dios pero por sobre todo el resto de la creación. Además, originalmente en el cristianismo quienes no compartieran dicha fe estarían condenados a la privación de la vida eterna en el Paraíso. Pésima combinación: afanes expansionistas y religión excluyente.

Herederos de este modelo, la llamada civilización occidentalizada ha pasado por sobre la naturaleza y los pueblos que viven de forma armoniosa con ella y que no han querido ser asimilados por la cultura dominante. Esto pasó en las Américas, luego de la llegada de europeos de diferentes países: España, Inglaterra, Portugal, etc. Y hoy en día las amenazas persisten.
Chile tiene políticas económicas enfocadas principalmente al área extractiva de los recursos naturales lo que ha causado una disminución paulatina a veces, acelerada otras en la biodiversidad y recursos hídricos, sin mencionar una merma en los servicios ecosistémicos, que son aquellos servicios como la purificación de las aguas, captación de CO2 o regulación de temperatura, que realizan los ecosistema de manera gratuita.
Antiguamente los bosques cubrían el territorio nacional desde la IV Región hacia el sur pero gran parte se talaron para habilitar espacios que pudieran usarse en agricultura. En muchos sectores se desarrolló fuertemente el cultivo de trigo, el cuál fue intensivo y terminó por agotar los suelos. Estas malas prácticas en la agricultura no solo agotaron los suelos si no que causaron su erosión y desertificación. El llamado secano costero es producto de esto.
Los bosques fueron destruidos también para abastecer de leña a las crecientes poblaciones. En la zona sur la recuperación de los bosques es relativamente fácil: debido la actividad tectónica y el vulcanismo los bosques sureños son hijos del rigor y pueden volver a crecer gracias a especies pioneras como los robles (Nothofagus oblicua) o coihües (N. dombeyi), claro que deberán pasar siglos o incluso milenios para que alcancen la complejidad que tenían originalmente y, si no se eliminan los factores que causaron su destrucción en un inicio, solo se podría esperar la desaparición de algunas de sus especies como el emblemático alerce (Fitzroya cupressoides) que vive miles de años y crece sumamente lento.

El alerce es un árbol de muy lento crecimiento y extremadamente longevo. Actualmente se considera Monumento Natural y la corta de ejemplares vivos está estrictamente prohibida, lo que no disuade a algunos de cometer ilícitos por lo noble de su madera (foto de Patricio Novoa).

En la zona central los bosques que se desarrollan están adaptados al clima mediterráneo y poseen una notable capacidad para rebrotar desde los tocones cuándo han sido cortados o después de un incendio. Eso explicaría en parte por qué la mayoría de los bosques esclerófilos poseen árboles con varios troncos que brotan desde una misma base: fueron cortados y quemados por la ocupación humana. Sin embargo, cuándo las talas o los incendios son muy frecuentes, los bosques terminan por destruirse, sustituidos paulatinamente por espinales donde el único árbol que medra exitosamente es el espino (Acacia caven), especie colonizadora de terrenos degradados que puede formar espinales. Dichos bosques espinosos con tiempo suficiente pueden volver a convertirse en bosques más desarrollados pero la extracción de espinos para la elaboración de carbón o el sobrepastoreo los mantienen permanentemente en condición de espinal.

Espinal (foto de Juan Pablo Salgado).

El Estado de Chile frente al problema de la erosión decidió fomentar la plantación de especies como el pino insigne o radiata (Pinus radiata) y el eucalipto (Eucalyptus globulus) y de esa manera se reforestaron enormes extensiones de territorio erosionado a la par del desarrollo de una industria asociada a estos monocultivos. Si bien se recuperaron suelos, se perdió la biodiversidad que antaño ocupó los bosques nativos y que no es capaz de adaptarse a habitar o crecer dentro de las plantaciones comerciales. Las pocas especies vegetales que lo hacen suelen ser consideradas malezas que entorpecen el crecimiento de los árboles y se busca erradicarlas de las plantaciones. La culpa de esto no es de los pinos o los eucaliptos, si no de la mala gestión que ha tenido el país en esto. Y eso nos compete a todos los chilenos. No solo se han ocupado tierras agotadas por las malas prácticas agrícolas, también hubo sustitución de bosque nativo, hecho que aún ocurre de forma clandestina. Mucha gente piensa también que las plantaciones comerciales, por su enorme extensión y requerimientos hídricos, son responsables o al menos contribuyen a la sequía y disminución de causes de agua.

Las plantaciones comerciales han generado conflictos en la zona sur del país con comunidades indígenas. Tema complejo y con tanta historia como aristas a considerar. Como mencioné atrás, el pueblo mapuche, como todos los indígenas, siente respeto y reverencia por la naturalza y tradicionalmente extrajo directamente de ella tanto sus alimentos como sus medicinas pero, frente a la disminución de los bosques, ya no es capaz de sustentarse de la manera ancestral, sin mencionar la ocupación de su territorio.

Considero menester dejar el siguiente link, en el que se nos llama a una reflexión de manera más holística al respecto:


El carpintero negro (Campephilus magellanicus) es un ave especialista que vive en bosques nativos con árboles de gran tamaño y no ha podido adaptarse a las plantaciones forestales que han sustituido su hábitat original (foto de Bernardo Segura).

La sequía es un fenómeno climático que ha afectado a nuestro país desde hace muchos años. Algunos lo asocian puramente al cambio climático global, pero no podemos olvidar que hemos alterado tanto nuestro entorno que las malas prácticas se ven involucradas en la escasez de agua que se está viviendo. En el norte los bofedales disminuyen sus causes por el uso de agua en minería, en la zona central llega el desierto y en el sur se están necesitando camiones aljibe para abastecer de agua a algunas comunidades.

En fin, son muchos y variados los problemas ambientales que vive actualmente este país.

Frente a los continuos desastres ecológicos llegamos al punto en que muchas personas empiezan a sufrir los efectos del modelo de vida en que estamos insertos: se busca la desconexión del entorno natural y la vez se tiene conciencia de la destrucción del entorno a raíz de esta desconexión, y se concluye erradamente que el ser humano no es parte de la naturaleza, o de que es una aberración de esta. Y esto tiene un profundo efecto en la gente: algunos pueden llegar a pensar que es natural y correcto seguir con la destrucción de la naturaleza, o peor, ser tan pesimista al respecto que pueden preferir no hacer nada frente a esta crisis.
El animador Steve Cutts subió a su canal de youtube en 2012 un corto de animación llamado "MAN" que les dejo a continuación. Por favor véanlo antes de seguir leyendo.


No dudo de que este corto haya tenido la noble intensión de denunciar una realidad que se está viviendo actualmente, sin embargo estoy en pleno desacuerdo en como expone dicha realidad. Coloca al ser humano como un ente totalmente  indiferente con el uso que hace de la naturaleza desde su aparición. Vemos como, uno tras otro, los seres vivos que se topan con el ser humano sufren un destino horrible hasta que llega un punto en que la naturaleza ha sido aniquilada. ¿Por qué no estoy de acuerdo con lo que se muestra en este corto? Porque obvia cientos de miles de años de relación armoniosa o por lo menos respetuosa con la naturaleza, a la cuál incluso se le llamó y sigue llamando Madre. A menos que no consideremos a los pueblos indígenas seres humanos, esta realidad histórica no puede ser negada asumiendo que el ser humano vino a este mundo a destruir a la naturaleza.

Las referencias culturales al respecto de esta crísis medioambiental empezaron hace muchos años. La serie estadounidense Dinosaurios trata en su último capitulo la extinción de estos grandes reptiles. Bob, el padre de familia, luego de una serie de malas decisiones que ha tomado en su empresa ha generado un desastre medioambiental en toda Pangea y al hablar con su jefe, representando el sector empresarial al cuál le importa un comino el medio ambiente y solo quiere engordar su arcas, se genera el siguiente diálogo:

Jefe: No empieces como esos agoreros ecologistas, Sinclair. ¡Uy, uy la lluvia ácida! ¡El agujero en la capa de Ozono! ¡Vais a acabar con Flipper! ¡Bah! Afeminados arborícolas. Siempre frenando la marcha del progreso ¡Debemos pasar por encima de ellos! 
Bob: Veo que no lo comprende señor: ¡el mundo está llegando a su fin! 
Jefe: Eso pertenece al cuarto trimestre. Ya bombardearemos ese puente cuándo lleguemos a él. Ahora mi única preocupación es pensar cómo me voy a gastar todo este dinero.

Más tarde Bob le comunica a toda su familia una importante reflexión acerca del citadino y la naturaleza, en vista a su extinción inminente.

Confié ciegamente en el progreso y la tecnología sin sentir respeto por la naturaleza. Claro: es fácil abusar de la naturaleza, como siempre ha estado ahí, y la tecnología es tan deslumbrante y nueva (...) Pues verás pequeñajo [a su hijo menor], lo que ha pasado es que pusieron a papi al frente del mundo, y él no ha sabido cuidarlo bien. Tengo la impresión de que no te va a quedar ningún mundo en el que vivir, ni a tu hermano ni a tu hermana (...) No tenemos a donde mudarnos. Solo tenemos este mundo.

Como producto de la evolución no podemos definirnos como especie aparte de la naturaleza. Somos parte de ella como ella parte de nosotros. Lo que pasa es que nuestra forma de relacionarnos con ella ha cambiado.

¿Cómo volvemos a cambiar esta relación? ¿Que podemos hacer como individuos frente a esta crisis global? Muchísimo.
Notable es el cuento de Jean Giono: El hombre que plantaba árboles, en donde el incansable Eleazar Bouffier dedica su vida, desde que enviudece, a sembrar, plantar y cultivar árboles con los cuales reverdece los páramos desolados en los que se desarrolla la historia, trayendo la felicidad a esas tierras de las maneras más inesperadas.



Quizá la célebre historia de Jean Giono haya sido ficticia, pero a veces la realidad es mejor que la ficción y, fuera de Chile, existen dos ejemplos de hombres notables que han logrado ser reales agentes de cambio. Ambos partieron solos, ambos fueron vistos en menos por su iniciativa, ambos lograron generar un cambio en su entorno y, con ello, un cambio de mentalidad en la gente de sus comunidades. Estos hombres son Jadav Payeng y Yacouba Sawadogo.

Jadav es un agricultor de la etnia Mishing, en India. Su pueblo se encuentra al borde del río Brahmaputra. Producto de la deforestación, el río no se encuentra estabilizado ya que no existen bordes arbolados que anquilosen la tierra y sedimentos, y producto de esto las islas de arena entre los brazos del río se erosionan y son destruidas durante el monzón, incluyendo la isla Majuli, donde se encuentra el pueblo de Payeng. En vista de tal situación, en 1979 Jadav solicitó a la gobernación local árboles para reforestar la isla y así frenar su destrucción. Le facilitaron bambú el cuál plantó, pero además comenzó a plantar árboles de diferentes especies. Después de 37 años el resultado es impresionante: un bosque de 550 hectáreas en el cuál se ha registrado la presencia de elefantes, tigres y rinocerontes, especies emblemáticas y en peligro de extinción. Por su labor ha recibido variados galardones y ha propuesto diferentes medidas de reforestación que involucran un desarrollo económico para las comunidades que gestionen los bosques.

Yacouba Sawadowo vive en el pueblo de Gourga, Burkina Faso, África, en el Sahel, en una zona de transición entre el desierto del Sahara y las savanas de más al sur. Este hábitat es muy proclive a la desertificación y producto de una mala gestión territorial esta condición se ha ido agravando desde hace 50 años, lo que ha generado grandes hambrunas. Hace 40 años Sawadogo logró lo imposible: frenar el desierto. Implementando diferentes técnicas como la recolección de aguas lluvias en agujeros en la tierra dura, llenándolos con tierra y desechos orgánicos. Esto atrajo termitas que a su vez excavaban pequeños túneles bajo tierra, los cuáles se llenan de agua con las lluvias, de modo que se infiltra una mayor cantidad que si solo fuese tierra dura. También construyó muros bajos que ralentizaban la pérdida de agua en sus campos, además de sembrar no solo granos, también árboles. Fue ridiculizado en su pueblo, diciéndole incluso que amenazaba con las tradiciones, pero a Yacouba no le importó y siguió su labor. En cuatro décadas los árboles que plantó se convirtieron en bosques, lo que desencadenó una retroalimentación positiva: el bosque creó un microclima que mantiene la humedad, a la vez que atrae mayor biodiversidad, incluyendo aves que diseminan semillas con sus excrementos de modo que han llegado nuevas especies de plantas. Originalmente ridiculizado, hoy es un héroe en su pueblo y sus técnicas se han enseñado en los países que quedan dentro del Sahel.

Volviendo a Chile, vemos que se han desarrollado diversas estrategias para alcanzar este desarrollo sustentable que englobe las áreas social, económica y demedio ambiente. Uno de los ejemplos más notables son los recolectores de agua de la camanchaca, que es la neblina que asciende desde la costa hacia los cerros cercanos en la IV Región y que es interceptada por mallas en donde se condensa y forma gotas de agua que caen hacia canaletas que la recolectan y transportan. Esta idea surgió de la observación de la misma naturaleza, al ver que los bosques de dichos cerros se sustentaban con el agua condensada de la camanchaca en la copa de los árboles.

Cada vez más gente en Chile toma conciencia del problema y decida tomar cartas en el asunto. Así nacen diversas agrupaciones de gente común que buscan dar a conocer nuestro patrimonio natural y ponerlo al alcance de la gente. Notable es el concepto de "ciencia ciudadana" en el cuál la gente puede aportar en estudios diversos con fotografías y testimonios, facilitando la investigación y generando instancias de integración participativa de la ciudadanía con los estudios de nuestro propio país. Otro caso es el de Molukia, agrupación que surge a raíz del estudio de las baratas nativas del Género Moluchia, así como la protección de su hábitat: el matorral costero.

Microdocumental de Molukia.

El empoderamiento de la ciudadanía con su propio territorio es fundamental para el desarrollo armónico al que se aspira: cuándo la gente siente afecto y arraigo por su tierra la defenderá al mismo tiempo que querrá contribuir a su estudio, generando instancias en que los miembros de una misma localidad se conozcan y organicen mejorando con ello su calidad de vida.
Bajo esta idea la recuperación de terrenos para la creación de huertos urbanos viene a ser una excelente instancia de inclusión social. Tal es la labor que se efectúa en el huerto La Berenjena, en Santiago, en donde se recuperó un terreno usado como basural para construir un huerto donde se hacen talleres con los vecinos, trayendo de vuelta la vegetación y los espacios en que los vecinos pueden conocerse.

"(...) El territorio es una extensión de nuestro cuerpo. Es un espacio en donde nos influye en nuestra tomas de decisiones, nos influye en nuestro comportamiento. Bueno, básicamente lo consideramos como nuestro contexto psicosocial en donde ocurre toda nuestra vida. Lo concebimos también como espacio de lucha, también. Espacio en donde existen relaciones sociales, en donde existe mucha vida y donde todo está conformado producto también de esas relaciones, tanto con el territorio como entre las personas. Me he dado cuenta que existe una multiplicidad de formas de relacionarse con el territorio que tiene un correlato con la forma en que la gente se relaciona con los otros. Yo siento que los espacios reflejan la humanidad y el territorio refleja también cómo somos nosotros como sociedad." - Camila Morales, una de las personas a cargo del huerto La Berenjena.


De cara hacia un futuro que aspiramos mejor, debemos recuperar los saberes ancestrales que nos hablan de la relación con la naturaleza, a la vez que seguimos observando y aprendiendo de esta, implementando nuevas tecnologías y nuevas formas de relacionarnos con nuestro espacio.

Un ejemplo destacable es Londres, que se encuentra en campaña para convertirse en la primera ciudad-parque nacional del mundo. Una iniciativa que traerá consigo una mejora en sus áreas verdes. Recordemos que en Londres es posible incluso ver manadas de ciervo rojo (Cervus elaphus) en sus bien gestionados parques urbanos. Daniel Raven-Ellison, impulsor del proyecto declaró: "El desafío es comunicar a la gente la idea que una ciudad, un espacio urbano, puede ser también un parque nacional".
En Londres no están buscando escapar de la ciudad para ir al bosque, están mejorando ellos mismos en infraestructura para traer devuelta el bosque a la gran ciudad. ¿Es posible que Chile, con sus grandes ciudades, campos agrícolas extensivos, gran desarrollo en minería, sea compatible con la Madre Naturaleza? Sí, pero depende de nosotros, si escuchamos solo a las autoridades que siempre nos dicen No, o incluso a los iguales de actitud pesimista, entonces estamos perdidos. Chile cuenta con una flora y fauna únicos, con muchas especies endémicas, nuestros ecosistemas son un Hotspot de Biodiversidad a nivel mundial. Eso quiere decir que contamos con una gran cantidad de especies endémicas que, además, se encuentran amenazadas por la acción humana.
Santiago posee un parque urbano donde es posible avistar águilas, zorros e incluso quiques. Es el Parque Metropolitano que con sus 737 hectáreas supera incluso al Central Park de New York, de 341 hectáreas. Es el segundo parque urbano más grande de Latinoamérica y es nuestro deber como ciudadanos pensar a lo grande y replicar las buenas ideas del extranjero y, más importante aún, desarrollar y valorar las propias ideas que nacen de la relación con nuestro propio entorno.

La llegada de una especie, sobre todo si esa especie es adaptable y generalista como la nuestra, siempre conlleva un cambio en el ecosistema. La naturaleza no se encuentra en equilibrio: eso es solo una ilusión, si todo fuera estático no habría evolución de la especies ni cambios en la geografía y hábitats. Lo que pasa es que los cambios se dan a niveles lentos que no suelen ser percibidos a escala humana y actualmente el ser humano, con su avance tecnológico y ritmo de vida acelerado, induce cambios de manera frenética, lo que no le da tiempo a los ecosistemas de acomodarse.
En el pasado los pueblos observaron la naturaleza y descrubrieron los sistemas que la conforman. Imitándolos, pudieron lograr su subsistencia de manera armoniosa. Es tiempo, desde hace ya mucho, que volvamos a la observación de la naturaleza y, así, entendiendo su funcionamiento, creemos un mundo que nos permita la coexistencia con esta Gran Madre.